LIMPIADOR DE PELOTAS SUDGEN & WILSON

MAIKEL LABRADOR

Este extraordinario limpiador de pelotas de tenis, fabricado en roble macizo por Sugden & Wilson en Roundhay (Leeds), constituye uno de esos grandes tesoros de la historia del deporte del tenis conservados. La pieza, forma parte de mi colección, tras llegar a mis manos gracias a una puja ganadora una casa de subastas británicas.

Marcado con la inscripción “Patent Applied”, el objeto se sitúa en un momento clave de la evolución del tenis, a finales del siglo XIX o comienzos del XX, cuando la innovación aplicada al material de juego comenzaba a adquirir un papel central. Mientras dispositivos como The Kleenball ofrecían soluciones portátiles y domésticas al problema de la suciedad en las pelotas, este imponente ejemplar pertenece a una categoría muy distinta: la del mobiliario técnico diseñado para clubes, instalaciones permanentes y un uso intensivo y continuado.

En la era de las pistas de hierba y las pelotas de fieltro natural blanco, el mantenimiento del material era una preocupación constante. La humedad, los restos vegetales y la suciedad afectaban tanto a la visibilidad como al comportamiento de la pelota, impulsando la aparición de numerosos ingenios destinados exclusivamente a su limpieza y conservación.

Construido íntegramente en roble macizo, este limpiador destaca por su solidez estructural, su complejidad mecánica y su excelente estado de conservación. Presenta cuatro asas de transporte, apertura mediante doble bisagra y una manivela original, elementos que revelan un sistema interno notablemente más sofisticado que el de los limpiadores manuales de su tiempo.MLa pieza conserva además dos placas metálicas originales, una de ellas con la inscripción: “Tennis Ball Cleaner – Patent Applied – Sugden & Wilson – Roundhay – Leeds”

La mención “Patent Applied” añade un valor histórico singular, al documentar la fase previa a la concesión definitiva de la patente. Este detalle permite situar el objeto en el instante exacto en que la innovación aún estaba en proceso, un aspecto especialmente apreciado en el ámbito del coleccionismo especializado.

Con unas dimensiones aproximadas de 49 cm de alto por 77 cm de ancho, el limpiador se presenta como un auténtico mueble funcional, concebido para integrarse de forma permanente en la operativa diaria de un club de tenis. En espíritu, dialoga con otros objetos emblemáticos de la época —como la prensa de raquetas personalizada de Henri Cochet—, distintos en función, pero unidos por una misma idea: el cuidado meticuloso del equipamiento como parte inseparable del juego.

Antes de la estandarización industrial, antes de las pelotas amarillas y los materiales sintéticos, el tenis exigía una atención constante a sus herramientas. Hoy, objetos como este —rarísimos y cuidadosamente preservados en mi colección, y un enorme orgullo que se pueda mostrar en la web de una asociación como la ACHTE en la que todos sus miembros aspiramos a proteger, investigar y difundir el legado del deporte del tenis.

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