EMILI BOSCH




Hay detalles en la vida que te marcan para siempre. Esta máquina de encordar Wonder Vise, es sin duda uno de esos detalles. Aprendí a encordar raquetas cuando tenía 14 años. Mis primeros pasos se centraron en hacer reparaciones tras rotura de cordaje, utilizando tripa sobrante, y no cambiando todo el tamiz. Con la llegada de los cordajes sintéticos, ya no sólo encordaba mis raquetas, sino que también las de mis compañeros en el club. Mi raqueta era una robusta Dunlop de segunda o tercera mano que, por desgracia, acabé tirando un día, algo de lo que siempre me he arrepentido.
En la tienda en que encordaba, había una máquina sin contrapeso, muy parecida a la Wonder Vise. Me fascinaba aquella máquina que tenía la magia de que mi Dunlop pareciera modernísima. Uno de mis hijos conocía esta historia y mi pasión por la máquina. Así que, por sorpresa, tuvo la oportunidad de comprar una en Canadá y regalármela. La ilusión al verla fue enorme.
Fabricada por W.A. Bickel and Co en Chicago a finales de los años 30, la Wonder Vise se publicitaba como le mejor forma de ‘encordar raquetas en tu casa, sin necesidad de experiencia previa y de gran habilidad”. Se vendía con las herramientas necesarias y se podía pedir por correo un catálogo con las instrucciones necesarias para su utilización, aunque era tan sencillo y obvio que se convirtió en mi compañera durante muchos años. En la actualidad se podría definir como un dinosaurio de las máquinas de encordar tan sofisticadas y tecnológicas que ahora ofrece el mercado.
